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Pinocho trabajó hasta medianoche. Y
en vez de hacer ocho canastas hizo dieciséis. Luego se fue a la cama y se
durmió. En sus sueños vio un hada, hermosa y sonriente que le dio un beso
diciendo: "Valiente Pinocho por tu buen corazón te perdono todas tus travesuras
del pasado. Pórtate bien en el futuro y serás feliz". El sueño terminó y
Pinocho se despertó, asombrado. Se imaginarán lo mucho que se asombró al darse
cuenta de que ya no era una marioneta, sino un niño de verdad justo como los
demás niños.
"El Hada azul convirtió a Pinocho en un niño
de verdad. Me podrá convertir a mí en un niño de verdad. Necesito encontrarla.
Necesito volverme de verdad. Debe de haber alguien en todo el mundo que sepa
dónde vive."