viernes, 18 de septiembre de 2015
No un tonto utíl
«El jueves después del terremoto, mientras estaba con las cien mujeres
del Meeting Point de Kireka, un barrio de Kampala (en el que las
Ejercicios de la Fraternidad
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mujeres pican piedras para sacar algo de dinero), les leí el manifiesto
del movimiento sobre el terremoto que me habían enviado desde la secretaría
de Italia. En lengua acholi me dijeron: “Los afectados son de
los nuestros. Tenemos que hacer algo”. Me preguntaron si había alguna
manera de ir a ayudarles, de llegar con un autobús. Los periódicos contaban
que todavía había personas bajo los escombros, y ellas querían ir
a los Abruzos para apartar los escombros y sacar fuera los cuerpos. Les
dije que era imposible, porque los Abruzos estaban lejísimos, y que el
único medio para llegar allí era el avión. Y ellas: “Tenemos que hacer
algo, porque éstos son de los nuestros, por lo menos enviar una ayuda
para mostrarles que son de los nuestros, que nos pertenecen”. Una mujer
dijo: “Son de la tribu de don Giussani”. Estaban tan afectadas, que
cuando me marché me dieron el equivalente a 250 euros, una cifra altí-
sima para ellas. Me pidieron que, si podía, lo hiciera llegar allí cuanto
antes, tal vez para pagar a alguien que ayudara a sacar a las personas de
los escombros. Ese día no hicimos las actividades habituales –collares,
baile, fútbol– porque las mujeres querían recordar. Estuvimos hablando,
y cuando comprendieron que los afectados eran italianos, dijeron que
eran de la tribu de don Giussani, la nuestra. Ellas se consideran de la
tribu de don Giussani, y todavía están reuniendo dinero. A menudo me
preguntan por los nuestros, porque ellas no saben bien dónde están los
Abruzos, y piensan que toda Italia se ha visto afectada por el terremoto,
y por tanto, sus amigos. Ahora quieren escribir una carta. Estoy conmovida,
y me doy cuenta de que es verdad que de la fe nace un método.
Cuando estás inmerso en el Misterio no puedes dejar de conmoverte al
darte cuenta de lo que sucede. Estas mujeres retan mi humanidad con su
conmoción. Ellas no se mueven porque el movimiento lo pida o porque
hayan recibido un manifiesto: ellas se conmueven, y entonces, se mueven.
Si el corazón se deja conmover, la persona se pone en marcha».
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