El jarro donde muere esta verbena
por un golpe de abanico se rajó
el golpe debió de rozarlo apenas
porque ningún ruido lo reveló.
Sin embargo, la ligera fisura
rodeando el cristal un poco cada día
con paso invisible y seguro
lentamente le dió toda la vuelta.
Su agua fresca se escapaba gota a gota
el jugo de flores se secó
nadie, hasta ahora, se enteró
no lo toquéis porque esta roto.
Muy a menudo así, la mano que más se ama
al rozar nuestro corazón se quiebra solo
la flor de su amor languidece.
Intacto a los ojos de la gente
oye crecer y llorar en su fondo
a aquella herida sutil y profunda
Está roto: no lo toquéis.
Prudhomme
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