viernes, 24 de marzo de 2017

¿Cómo estás?

Una pequeña comunidad agraria de principio de siglo pasado en la que comienzan a circular exigencias de justicia social.  Un líder madura  con sus compañeros determinadas reinvindicaciones  frente al propietario agrícola para el que trabajan.  En un momento dado le delegan para que vaya a la ciudad a negociar con el patrón. Ninguno de ellos había afrontado jamás la gran metrópoli que ahora iba a aparecer ante sus ojos, y el elegido, una vez en viaje, después de haberse mostrado eufórico ante los compañeros que le habían despedido festiva y ruidosamente, comienza a advertir los mordiscos de la ansiedad. Cuando llega a la ciudad, se arrastra de un lado a otro buscando la dirección del propietario. Se pierde una, dos tres. Finalmente encuentra la oficina del patrón y solicita ser recibido. Y pronto se ve allí, delante de él: los argumentos que había preparado tan cuidadosamente con los compañeros se nublan en su mente. Sabe que esta allí por un motivo  válido, con razones que conoce y que  comparte, pero no logra articular palabra.
¿Ha sido inútil, pues, todo el esfuerzo y el de sus amigos? Ciertamente no. Su simple presencia allí, inusitada en la historia de las relaciones entre ese patrono y sus operarios, aunque sea incapaz de expresarse adecuadamente, no es igual a cero. La presencia de este hombre lleno de embarazo, bloqueado, de pie, dando vueltas al sombrero ante sus manos, constituye por si misma una petición. Es una presencia que se caracteriza por ser petición,y la petición no es algo abstracto.
Giussani. Por Qué la Iglesia. 

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