miércoles, 12 de noviembre de 2014

a la espera...

Si Jerónima, dices la verdad, no soy como era. Veo mejor; y, sin embargo, no era ciego; pero quizás era la luz lo que faltaba; porque la luz externa es poca cosa, no es la que nos ilumina la vida. Tú has encendido una lámpara en mi corazón. ¡Aquí estoy como el enfermo que se duerme en las tinieblas, con la brasa de la fiebre sobre la frente y el hielo del abandono en el corazón, que después se despierta sobresaltado en una hermosa habitación e
n la que cada cosa está inmersa en la música discreta de la luz; soy el amigo que lloraba desde hacía largos años, soy el amigo que ha vuelto de tierras situadas más allá del océano y que sonríe con los ojos más serenos, más prudentes que hace un tiempo, y encuentra a toda la familia,  a los ancianos con las cabezas blancas y a los niños vestidos con un resplandor de grano maduro, y encuentra al perro gordo y viejo, con sus ojos redondos, colmos de una tierna sonrisa, con las fauces abiertas  y llenas de ruido de alegría  para festejar al hombre salvado del diluvio de las tinieblas! ¡Que lugar de paz habéis hecho de mi corazón, Jerónima! Gracias, gracias infinitas.
Miguel Mañara 

No hay comentarios:

Publicar un comentario